El arte de volver a empezar una y otra vez

Por Lunes, 19, septiembre, 2016 0 No tags Permalink 1

Parece que el otoño ha llegado.. este verano ha sido muy caluroso y, de repente, el frío y las lluvias han hecho su aparición y nos recuerdan que un nuevo curso comienza..

Los niños vuelven al cole, las empresas retoman una vez más su ritmo habitual y nos vuelven a traer a la normalidad, ya que todos, en mayor o menor medida, habremos cogido unas vacaciones o al menos bajado de intensidad en el trabajo.
También puede ser que los que ejercen su actividad en la hostelería, restauración o servicios dedicados a hacer más agradable las vacaciones de los demás, ahora cojan su merecido descanso.

Incluso algunos hemos comenzado una nueva actividad al incorporarnos a una empresa o asumir un proyecto profesional diferente; el caso es que generalmente esta época de mediados de septiembre es tiempo de cambio; cambio de tiempo, cambio de ropa, cambio de horarios.

La vida conlleva etapas que se van sucediendo y que implican volver a empezar una y otra vez, con nuevas tareas que suponen un desafío de aprendizaje para quien ha de realizarlas o las mismas tareas que han de retomarse con afán de mejora y deseo de huir de la rutina y de la mediocridad.

Los parones estivales son buenos porque dan perspectiva y permiten renovar las fuerzas, pero el cambio de ritmo siempre cuesta un poco y exige esfuerzo, determinación. Y este nuevo retomar de la actividad habitual nos ha de llevar a plantearnos qué es lo que hacemos y a dónde vamos y cómo recorremos nuestro camino.

En primer lugar es necesario saber a donde vamos; a veces, la vorágine del día a día nos impide pensar en esto, por ello el inicio de un nuevo curso es un buen momento para hacerlo.

¿Nos podemos imaginar un barco que al salir del puerto no tuviera claro su rumbo? Y no solo el destino ha de estar claro; también es preciso asegurarnos de que vamos por la ruta adecuada y que evitamos los escollos. Es evidente que existen mareas, temporales que harán con seguridad que el rumbo cambie. Por eso será necesario disponer de una carta de navegación, de una brújula que nos permita volver a encontrar el norte y llegar así al destino y no a las antípodas.
Ahora bien, es importante no confundir la meta con el camino, el destino con el trayecto y el modo de alcanzarlo. Hay muchos senderos y modos de llegar a un mismo sitio. Hace muchos años viví en Navarra, donde hay una gran afición al montañismo, y así comencé a hacer excursiones algún domingo para subir peñas. Curiosamente, a lo largo del día, muchas veces se perdía la visión de la cumbre; no ascendía la pendiente en directo, sino que el camino a veces hacía un zigzag, y podía parecer que uno había perdido el objetivo…, pero de nuevo, tras un recoveco, aparecía la ermita, el monumento que indicaba que nos íbamos aproximando poco a poco a la cumbre y que íbamos por la buena senda.
Esto quiere decir que es necesario distinguir el fondo de la forma, el destino del modo de alcanzarlo. Se ha de procurar ser muy exigentes, no desviarse de la meta trazada y ser muy flexibles en el camino, en los modos de alcanzarlo. Un trayecto dejará de ser válido cuando nos impida llegar al destino, no cuando aparentemente nos desvíe de él. La distancia más corta entre dos puntos, matemáticamente, es la línea recta, pero en la trayectoria vital de cada uno es habitual que surjan circunstancias, obstáculos que han de ser superados y que nos lleven a dar giros, vueltas para alargar el camino, sabiendo que lo importante no solo es llegar, sino disfrutar del proceso.
Debemos por tanto, analizar cual es nuestro norte, nuestra visión y a la vez como lo alcanzamos, es decir nuestra misión; de ambas cosas iremos hablando en los próximos posts..

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